Bogotá, D. C.

Bogotá, 18 de junio de 2025. Aquí Sí pasa, Bogotá, mi Ciudad, mi Casa. Dicen que el que madruga… ve más aves. Y el pasado 7 de junio, varios vecinos del sector Ciudad Montes, en la localidad de Puente Aranda, lo comprobaron. A las seis en punto de la mañana, mientras muchos apenas abrían los ojos, un grupo de ciudadanos ya tenía binoculares en mano y los oídos afinados para escuchar el canto del toche, una especie que sorprendió a más de uno por aparecer en pleno corazón urbano.

La cita fue en el Parque Zonal Ciudad Montes, en donde el Metro de Bogotá lideró una jornada que combinó ciencia ciudadana, educación ambiental y mucho amor por el territorio: la Expedición Metrofauna. ¿El plan? Observar, registrar y valorar la fauna que habita justo donde se construye la Línea 1 del Metro de Bogotá. Porque sí, en medio del concreto y el desarrollo, la naturaleza también tiene su espacio y su voz.

Diez ciudadanos, entre líderes comunitarios, vecinos curiosos y amantes de la naturaleza, dijeron presente en esta primera expedición. Desde el inicio mostraron una disposición impresionante para aprender, identificar especies y registrar cada hallazgo. 

El recorrido —que duró más de dos horas— permitió identificar 12 especies de aves, entre ellas insectívoras, frugívoras y rapaces. Pero el momento más comentado —casi viral entre los observadores— fue el avistamiento del toche (Icterus chrysater), un ave que nunca había sido registrada en el parque durante los monitoreos ambientales del concesionario. Su aparición fue celebrada como una joya, y demostró, una vez más, que la vida silvestre no se detiene frente al desarrollo, sino que busca formas de coexistir.

¿Y por qué el parque Ciudad Montes? Porque no es cualquier pedazo de verde. Es un bosque urbano reconocido por el Distrito (Resolución 5531 de 2022), con una riqueza ecológica que conecta con otros elementos de la Estructura Ecológica Principal de Bogotá. Además, cuenta con una comunidad comprometida: una red de cuidadores que han hecho de este lugar un aula viva de educación ambiental y defensa del ecosistema.

"Este tipo de actividades nos permite reforzar nuestro compromiso ambiental desde la gestión responsable", agregó una de las biólogas del concesionario Metro Línea 1. El proyecto, además de sus obras, avanza en acciones de protección de fauna como rescates, monitoreos, ahuyentamientos controlados y seguimiento de nidos. Todo pensado para reducir el impacto sobre las especies y mantener el equilibrio del entorno.

Más allá de los datos y las especies, lo que quedó fue una experiencia poderosa. Para la comunidad, fue reencontrarse con su parque; para el equipo del proyecto, una confirmación de que la construcción del Metro también puede ser una oportunidad para construir ciudadanía y conciencia ambiental.

¿Lo mejor? Esto no acaba aquí. Esta expedición es solo una de las muchas acciones con las que el Metro de Bogotá está sembrando algo más que concreto: está sembrando respeto por la vida, colaboración entre vecinos y una nueva forma de habitar el territorio.

Así que ya saben: cuando vean una obra del metro, piensen también en las alas que la sobrevuelan.

 

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